¡Cómo añoraba la Iglesia su edad de oro, cuando eran ley y estado, cuando podían someter, torturar y matar a sus contrarios!; ¡cómo extrañaba pactar y entenderse con gobiernos retrogrados!; ¡cómo le hacía falta volver a imponer la locura, el absurdo y la insensatez sobre la tierra!
Pues bien, hoy han vuelto a lo suyo, a lo único que sabe hacer, a entrometerse en la vida de todos, para mal.
Lo qué está claro en esta nueva cruzada de la Iglesia Católica contra el progresismo, es que para ellos era un asunto de probar su vigencia y su poder de influencia en nuestro país. Pero, por un lado, fracasaron, porque todas las encuestas le daban la desaprobación popular al artículo 30. A la vez nos demostraron que a los que más pudieron influir fué a los que menos cerebro tienen: los congresistas.
Hoy ha ganado la estupidez y la hipocresía, para colmo con trampas.
Así que propongo un par de puntos:
-Que el congreso le ceda el espacio de la explanada para crear un cementerio, donde se enterrarán a todas las mujeres víctimas del artículo 30.
-Que a cada sacerdote, obispo y asambleísta se le den en adopción uno o dos huérfanos, de esos que nacerán sin madre. Nota: al Cardenal le tocan 10.
-Que no se metan presos a los violadores, ya que su hijo va a nacer y necesita que lo mantengan.
-Ya que la vida comienza desde la concepción, que ya no se saque acta de nacimiento sino de concepción.
18 septiembre, 2009
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